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Tick Tock

By 9:44:00 , , , , , , , , ,


7 a.m. el comienzo de un nuevo y apasionante día cualquiera.
Nueva vuelta al grifo de la ducha (hace tiempo que debería cambiarlo por uno más moderno), nuevo afeitado, nueva toalla que lavar, ropa interior limpia, traje, perfume y el mismo peinado de todos los días (sigo sin saber si me queda realmente bien, pero me he acostumbrado a él).
Una nueva cruz en el calendario de la cocina, otro desayuno con la única compañía del telediario matutino y esa mesa de cerezo que tanto me costó en su día y que tan grande me ha quedado siempre ¿Por qué no la compraría más pequeña? Ese maldito tamaño no hace más que torturarme con lo mucho que me gustaría compartirla. 
Miro el reloj, 7:30 a.m., si no salgo ya llegaré tarde. En los 5 años que llevo en la empresa nunca he llegado tarde, aunque en todo este tiempo mi hora de salida se ha ido incrementando notablemente, sin contar el trabajo que me llevo a casa cada día.
Es curioso, esta mañana al abrir la persiana un rayo de luz me dio en la cara, como una bofetada, impidiéndome abrir los ojos, pero abriéndomelos más que nunca. Casi pude sentir el dolor y la sensación de despertar de un sueño, llegar a una realidad en la que replantearme mi existencia y llenarme de dudas, claramente problemáticas.  
Lo he decidido, hoy llegaré tarde, no sólo eso, hoy saldré pronto por primera vez en 5 años.
8:00 a.m. salgo de casa, el ascensor esta ocupado, bajo las escaleras andando, un poco de ejercicio me viene bien, me prometo hacerlo más a menudo. Al pasar por el portal llama mi atención una carta que asoma de mi buzón, no debería pararme, ya voy a llegar suficientemente tarde, pero saco las llaves y recojo el sobre, debe ser el efecto de la bofetada lumínica.
Salgo del portal y tomo la dirección hacia la oficina a la vez que abro el sobre, saco el papel y me quedo paralizado en medio y medio de la calle. Me quedo pensando, parece que hoy es el día que me ha tocado el turno de recibir lecciones del mundo. En la única hoja que contenía el sobre flota palpitante una única frase:
“¿De qué sirve la vida si no la puedes compartir y de qué sirve tener sin tiempo para disfrutar?”

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