Dentro del laberinto
Hace tiempo que conozco la fórmula para salir de un laberinto, con apenas 12 años mi hermano me contó que, da igual lo grande y retorcido que sea ese gigante verde, si avanzo posando mi mano derecha en el seto acabaré por salir, siempre funciona, y hablo de mi hermano, por algo siento esta intensa adoración hacia él.
Ya han pasado 18 años desde que podía caminar de su mano y es ahora cuando me he encontrado con el peor de los laberintos. Llevo un par de años dando vueltas aquí dentro, pero lo reconozco, hace 4 meses que estoy completamente perdida en él y no encuentro la salida, mi mano derecha no aguanta más la constante rozadura del seto y cada nueva ramita es un surco que deja un reguero de sangre en mi piel. Ya no hay fórmula que valga. Cuando siento que mis pasos rehacen nuevamente el camino, con cada nueva vuelta, disminuye la llama de mi esperanza, empiezo a sentir miedo de que llegue el fatídico momento en que se desvanezca.
Y aquí me encuentro, en un cruce de caminos, en medio y medio de un mar de altos y verdes muros que me aprietan con sus infinitos brazos, tan hermosos como falsos, intentando decidir por qué camino perderme…
Muchas veces anhelo los momentos en que otros me ayudaban, pero de aquí sólo puedo salir yo o me quedaré atrapada para siempre en la no vida de mi laberinto interno.

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